¿Te has preguntado alguna vez qué demonios es un closer de ventas y por qué deberías prestarle más atención que a la última temporada de tu serie favorita? Pues bien, agarra tu café y prepárate para una dosis de realidad laboral con un toque de picardía.

Un closer de ventas no es otro que ese mago de las telecomunicaciones, un ninja digital que tiene la habilidad sobrenatural de convertir una simple llamada en una venta de esas que hacen que la caja registradora suene más dulce que las campanas de tu iglesia favorita. Y no, no estamos hablando de vender chucherías a un euro, sino de esos productos o servicios que tienen más ceros que tu contraseña del WiFi.

Ahora, ¿por qué este perfil es más codiciado que una entrada VIP para el concierto de tu artista favorito? Sencillo: porque en un mundo donde la economía baila más salsa que una discoteca latina, el closer de ventas ha emergido como el superhéroe sin capa que toda empresa necesita para no caer en el olvido.

En el año de la pandemia, cuando el empleo se esfumaba más rápido que tu dinero en rebajas, el closer de ventas se convirtió en el Harry Potter del mundo laboral, haciendo magia con las ventas mientras el resto de los mortales luchaban por mantenerse a flote.

Pero, ¿qué hace que un closer de ventas sea más buscado que el último modelo de smartphone? Pues que es la pieza clave para cualquier negocio que no quiera ser parte del cementerio empresarial. Su misión, si decide aceptarla, es aumentar las ventas con la velocidad y destreza de un piloto de Fórmula 1.

Y aquí viene la parte jugosa: un closer de ventas no es un vendedor del montón. No señor. Este es un ser que trabaja desde la honestidad y la transparencia, que escucha más que tu mejor amigo y que jamás te intentará colar un producto si no cree que realmente te va a cambiar la vida.

Ahora bien, ¿qué cualidades debe tener un closer de ventas para ser el rey del mambo? Primero, una ética a prueba de balas, porque aquí no se trata de vender hielo a los esquimales, sino de resolver problemas reales. Segundo, una escucha activa que haría palidecer al mismísimo Sherlock Holmes. Y tercero, una empatía que te haga sentir como si estuvieras hablando con tu alma gemela.

Y si todavía te preguntas por qué deberías convertirte en un closer de ventas freelance, déjame decirte que es como tener el poder de trabajar en pijama desde cualquier rincón del planeta, mientras ves cómo tu cuenta bancaria se engorda más que un pavo en Navidad. No necesitas una oficina, ni un equipo, ni siquiera un traje de tres piezas. Solo tu teléfono, tu carisma y una conexión a internet que no te deje tirado en el momento crucial.

En resumen, ser un closer de ventas es el arte de vender sin vender, es convertir cada llamada en una oportunidad de oro y hacer que tanto tú como tu cliente salgáis ganando. Así que, si estás listo para reinventarte laboralmente y convertirte en el lobo de Wall Street de las ventas telefónicas, ya sabes lo que tienes que hacer. ¡A cerrar se ha dicho!

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